lunes, agosto 08, 2016

Ayer tocó dar el callo en la media maratón Rock'n Roll de Dublín, con un día de mucho viento, poco entrenamiento y demás naderias que suelo contar por aquí.

Pero hoy le voy a dar un enfoque distinto, hoy no voy a publicar mi crónica ni mis peripecias ni pensamientos; hoy comparto con vosotros la crónica de uno de los amigos que compartió conmigo la carrera, uno recien llegado al mundo de la actividad fisica y que le ha apetecido compartir de primera mano sus peripecias en mi blog. Por aqui la teneis, espero que os guste: 

De patata de sillón a correr media maratón.


He tenido el honor de ser invitado a describir mi experiencia en la Media Maratón de Dublin “Rock and Roll” en esta Bitácora de la Nada. Gracias, maestro Herranz! Espero estar a la altura.

Y quién soy yo? Pues un chaval también nacido en el 79 como nuestro Víctor. He pasado la mayoría de mi vida siendo un “couch potatoe”, como dicen por las Irlandas – es decir, no siendo activo físicamente, no practicando ningún deporte regular, y acumulando kilitos de más. Pero hace un año y medio mi mujer me apuntó a una de esas carreras de barro, obstáculos y puñetas variadas (te disparaban con rifles de airsoft, pasabas por obstáculos con cables que daban calambre, te sumergías en agua helada, cruzabas arenas movedizas, y demás fuentes de jolgorios y placer, durante 10km) . “Hell and Back”, se llamaba aquel evento – al que por cierto, Víctor se negó a unirse por razones de falta de coraje… lo que viene a ser un caso de acojone profundo. Pero por lo menos vino a aplaudirnos a la línea de meta!

El caso que, para prepararme para aquella carrera-tortura, que representaba algo mucho más duro que cualquier otra cosa que hubiera hecho antes (deportivamente, se entiende), conté con la ayuda de mi buen amigo Héctor –un loco de esos que se ha hecho un Iron Man completo- que me preparó un plan de entrenamiento consistente. Empecé a correr entonces… y aún sigo. Y por cierto… el Hell and Back fue una experiencia maravillosa, en serio.


Pero a lo que vamos. Esta media maratón era mi segunda, tras la de Madrid en Abril en la que acabé medio muerto y con un tiempo de 2h 25min. Para esta carrera esperaba mejorar esa marca en 10 mins, y contaba con la motivación adicional de correrla con (o “en contra de”) varios queridos amigos (Victor, Angel, Talar, Jorge, Jose Antonio “el cuñado”…). No voy a poder contaros mucho de ellos porque no les vi prácticamente nada; cada uno nos metimos en nuestro propio ritmo enseguida, y tiramos millas individualmente (con una emocionante excepción que detallo más adelante).

Así que en las siguientes líneas me centro en lo que viví y sentí yo ese día. Mi crónica es la siguiente:

-Antes de empezar: j**er qué fresquete que hace! Es Agosto pero nada que ver con una mañana soleada en la tierra del jamón y las croquetas, de esas que te quitas la camiseta antes de empezar… aquí en Dublin estamos a unos 12 grados de “real feel”. De todas formas, encontrarse con la gente que conoces y darles abrazos y besos de ánimo ayuda mucho y va subiendo el nivel de excitación y alegría. Aprovecho para echar una meadilla, que mi vejiga ya no es joven y aguanta poco!

-En el corral de salida: el ambiente es bueno, la gente está ilusionada, impaciente, feliz de participar. Vemos corredores disfrazados de bandas de rock y llevando guitarras eléctricas inflables. Vaya ganas de cargar con semejante trasto durante 21km! Merecen una medalla extra. Vamos saliendo por oleadas, así que nosotros (en el corral 12) tuvimos que esperar casi 20 mins a que llegara nuestro turno. Pero allá vamos!


-Kms 0 a 7: los colegas desaparecen en la distancia, ni que les pagaran por esto! Yo me lo tomo con más calma, manteniendo un ritmo cómodo de 10km/h (6 mins/km), incluyendo la correspondiente parada a mear (ya os digo que mi vejiga no está para bromas, la pobre!). Se supone que hay bandas tocando y que vamos pasando por sitios emblemáticos de Dublin. Siendo sincero, no recuerdo nada de todo eso, iba totalmente concentrado en mi pisada, mi ritmo, y en observar a otros corredores (sobre todo, aquellas participantes con licra apretada, ya os imagináis… para que lo vamos a negar).

-Kms 8 y 9: me da el bajoncillo. Ya sabéis de lo que hablo. El cerebro se pone en modo automático-negativo, se te sube el demonio rojo al hombro y empieza a susurrarte en el oído con voz falsamente preocupada “Huy, ese dolor en la rodilla izquierda está yendo a mas, eh? Yo creo que no acabas. Y si te paras un rato? Aaaay, ya sabía yo que no habías entrenado suficiente…” y demás “mierda de toro” (bullshit) que tienes que obligarte a ignorar. Supongo que parte de este bajón se debe a pasar por delante de unos tipos que se habían puesto a hacer una barbacoa delante de su casa, a un metro de la carretera por la que estábamos pasando – obviamente con intenciones maliciosas y desmoralizantes… quién se pone a hacer barbacoas un domingo a las 9:30 de la mañana en un día ventoso y nublado? Deberían inventar un nuevo tipo de crimen punible para esta gente… el olor delicioso fue desmoralizante.


-Kms 10 a 17: algo pasa cuando echo un trago de agua en una de las paradas de avituallamiento. Es casi mágico. Me sube la energía de golpe y me sorprendo a mí mismo incrementando mi velocidad a 5:40 mins/km sin problemas y con ganas de mantenerla. El demonio se esfuma de mi hombro y me siento fuerte, relajado, concentrado, fluyendo durante kms y kms. Llegamos al Phoenix Park y empieza la risa de las cuestas arriba y abajo, con viento fuerte de frente en algunos casos, pero da igual – lo que sea que burbujea en mi interior me hace seguir a un ritmo intenso que nunca había mantenido durante tanto tiempo y con una sonrisa en la cara; acordaos de que soy un expatata. Un momento genial fue encontrarse con Héctor corriendo a mi lado de paisano durante un minuto mientras me hacía un video… reportaje en directo! Una manada completa de ciervos se cruza en nuestro camino, a apenas unos metros de distancia de mí, fantástica visión que aportó un toque fantástico a la carrera. Me paré un momento a regar un árbol con mis orines – hay que contribuir a mantener el bosque sano.

-Kms 18 a 20.5: sigo sintiéndome fuerte y motivado. Sabiendo que ya queda poco, intento incrementar más la velocidad, a unos 5:35/5:30. Empieza a ser difícil respirar. Empiezan a doler las articulaciones y las plantas de los pies protestan por el martilleo constante. Ahora aparece el angelito blanco en mi otro hombro, el que dice “venga que no queda nada, dale fuerte que luego estarás orgulloso, vamos campeón que lo mismo pillas al Víctor y todo” (wishful thinking… I know :D Pero de ilusión también se vive).

-Km 20.5 a línea de llegada: me cruzo con “el cuñado” cuando queda menos de un kilómetro para llegar (mira! Alguien que conozco! Qué ilusión) y nos picamos para ver quién “gana”. Un sprint de esos que te arrancan todo el aire del pecho y te dejan con las piernas temblando. Pero cruzamos la meta a la vez! No fui el último de la carrera! Ja!

-Celebraciones: miro el relojito con ansiedad contenida, y el resultado me deja feliz y perplejo… 2 horas y 2 minutos! 23 mins menos que en la anterior media maratón! Un 15% más rápido! Y no solo eso, sino que me sentía bien – cansado, sí, pero no machacado. Mi rivales (y sin embargo amigos) apenas me sacaron un puñado de minutos de ventaja. Fui a buscar a mi camiseta de recompensa y a encontrarme con el resto de la gente, mientras notaba el creciente orgullo de saber que la patata había florecido.

Una entrada de blog como ésta no da para mucho y me dejo un montón de detalles (como la caminata de 3K de vuelta hasta el Luas), pero en resumen: que estuvo de maravilla. Que me encantó compartirlo con tantos amigos. Y que me marche de allí con una sensación de triunfo difícil de explicar que me ha tenido flotando en una nubecilla de tontería desde entonces.


Eso sí… subir los cuatro pisos de escaleras de curro hoy ha sido una aventura!

Gracias de nuevo Victor por dejarme compartir por aquí lo vivido! En la próxima, llévate una bolsa de canicas para tirarlas en mi camino porque si no te paso seguro :D

Un abrazo a los lectores!

-Aurax aka Pitiflauticus

Posted on lunes, agosto 08, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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viernes, julio 08, 2016

Por alguna razón que aún no tengo del todo clara, la próxima carrera de mi calendario será la Rock'n Roll Dublin Half Marathon el domingo 7 de agosto. No he corrido más de 10km seguidos en los últimos dos años y raro ha sido el mes en el que ha acumulado más de 40km de carrera a pie, pero bueno, allí estaremos con el amigo postureo y con Alberto a intentar no morir en el intento.
Como el tema de la motivación ya está muy manido hoy voy a innovar un poquito, hoy voy a enumerar los factores que me animan y los que me frenan a la hora de salir a entrenar para este nuevo objetivo, a ver que sale.

FACTORES QUE ANIMAN

  • La báscula dándome los buenos días con sus números tendiendo al alza.
  • La expectativa de desplomarme exhausto en alguna esquina de Dublín.
  • Correr con dos buenos amigos.

FACTORES QUE FRENAN

  • Hay que cambiar un pañal.
  • "Joder que tarde es"
  • "Joder que pronto es"
  • Cinco minutos más.
  • El tiramisú de Aurora.
  • Hoy llueve (mañana también)
  • Las mallas de correr en la lavadora.
  • "Papa jugamos??"
  • Correr con dos amigos, que me van a ganar.
  • Hay que cambiar otro pañal.

Paro de escribir porque me está quedando bastante descompensada la cosa; aun me quedan las dos apuestas que tenemos en pie: correr con tutú y parar a tomar una pinta a mitad de camino, que no tengo muy claro en que columna las tendría que poner, me lo pienso y lo dejo para la próxima entrada. Mientras tanto, más me vale empezar a sumar kilómetros.

Y a vosotros, se os ocurre algo que anime o que frene para salir a entrenar? Ya me dejáis un comentario si eso.


Posted on viernes, julio 08, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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sábado, julio 02, 2016

Me desperté sobresaltado, no era de día todavía. Otra vez el mismo sueño, otra vez ella.

No había vuelto a pensar en ella desde que mi mujer y yo discutimos el tema; no me quedó más remedio que contárselo; todo quedó claro y mi compromiso fue olvidarla. No será difícil me dije, ya lo hiciste muchas veces antes.

Todo fue bien hasta el martes pasado, en el tren de vuelta a casa mientras dormitaba en mi asiento; al llegara a la cuarta, quizá la quinta parada, se abrieron las puertas y apareció ella; a escasos centímetros de mi, resplandeciente, llena de curvas. Iba con un hombre que no la merecía, no tanto como yo eso seguro; en ningún momento reparó en mi presencia, nunca lo hacían. Apenas pude aguantar un rato antes de bajarme y esperar en la estación a que llegara el siguiente tren. 

En el sueño siempre la misma escena: me levanto de mi asiento se la arrebato de las manos a su acompañante sin rostro y enfilamos la carretera a toda velocidad, sin mediar palabra, la lluvia mezclándose con el sudor y vamos perdiendo el aliento mientras nos alejamos de cualquier rastro de civilización.

No puedo sacarla de mi cabeza, tengo que hacer algo. Apenas si consigo mirar a mi mujer a la cara cuando me pregunta si todo va bien, si hay algo que me preocupa. Esa misma tarde tomo una decisión, ire a por ella. Ya no me importa que parezca egoísta ni lo que piensen los demas, solo se vive una vez, de vez en cuando hay que seguir los impulsos del corazón.

Justo antes de que anochezca llego a su calle, entro a la tienda donde se que voy a encontrarla. La encuentro al fondo distraída entre varias compañeras, la agarro suavemente y la acerco hacia mi, de nuevo sin mediar palabra; la noto ligera entre mis brazos, el corazón se acelera y una sonrisa se va dibujando lentamente en mis labios. Nos dirigimos a la puerta, me paro en el mostrador, respiro hondo y lo digo:

-Hola, me gustaria llevarme esta bicicleta por favor.



Posted on sábado, julio 02, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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martes, junio 14, 2016

Que ganas tenía ya de verte.

Te he traído un osito y cuando vayamos a casa vamos a ver Toy Story.

Estoy muy contento de que hayas venido, ahora ya somos tres para cuidar de Mamá.

Mira Papá, este es mi bebé, Adam ¿nos vamos a casa? 

Posted on martes, junio 14, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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martes, mayo 31, 2016

Este fin de semana tuvo lugar el Tour de Connemara, mi primera (y seguramente última) marcha cicloturista del año. Con salida y llegada en Clifden el apetecible menú constaba de 140 kilómetros eminentemente llanos a lo largo de una de las regiones más bonitas y salvajes de Irlanda. 


El sábado amaneció con un tiempo completamente primaveral por lo que me animé a añadir 11 kilómetros más a la ruta al ir en bici desde el B&B hasta la línea de salida. El terreno durante esta primera parte de la marcha es absolutamente espectacular, carretera paralela a la costa, increíbles vistas y verdes prados poblados de caballos (seña de identidad de la zona) que se apresuran a saludarnos a nuestro paso. El gran pelotón inicial, cerca de 2000 participantes, se va rompiendo poco a poco en innumerables grupos en los que resulta fácil ir encontrando acomodo. Sin ninguna presión voy jugando con mis fuerzas hasta que encuentro el ritmo que más me conviene, sabedor de que apenas he pasado la marca de los 100 kilómetros en los últimos años.


Mientras disfrutamos del paisaje y vamos charlando tranquilamente del increíble tiempo que nos acompaña llegamos casi sin darnos cuenta al primer avituallamiento situado en el kilómetro 50 de la marcha. Bizcocho, fruta, demasiada comida en definitiva, aunque tumbado en el césped mientras el sol juega al escondite entre las nubes resultaba fácil perder la noción del tiempo.

Terminado el refrigerio decido retomar la marcha, sin el amparo de un grupo y con un estómago demasiado lleno noto como me cuesta volver a encontrar el ritmo y los pequeños repechos del recorrido empiezan a notarse en las piernas más de la cuenta. Por suerte para mí consigo acoplarme a un pequeño grupo que me adelanta a una velocidad aceptable y gracias a ellos pasar con relativa comodidad los siguientes 40 kilómetros, justo hasta la primera subida “larga” del día en la que me descuelgan irremediablemente, ni el ritmo es alto ni la subida exigente, pero cuando llevas mucho tiempo montando en bici aprendes a aceptar mejor las leyes de la gravedad, y si estas te dicen que te descuelgues, pues lo haces y punto.

Rápido descenso hasta el segundo avituallamiento; reponemos líquidos, un poco de fruta y listos para afrontar los últimos 50 kilómetros en los que se acumula la mayor parte del desnivel de la prueba, es decir, más peleas contra la gravedad.


Voy avanzando con calma, desarrollos facilitos, sin agobiarme por los grupos que me van adelantando, me centro en las vistas, hemos cambiado la costa por las montañas y me alegro al descubrir lo inteligentes que han sido los irlandeses llevando las carreteras solo por los valles, ¿que necesidad hay de llevarlas hacia arriba?

Pasamos por la fotogénica abadía de Kylemore, 30 kilómetros para llegar, esto se empieza a hacer largo… En mi cabeza los últimos 10 tendrán el viento a favor, así que activo la cuenta atrás hasta llegar a este punto.

Justo antes de llegar a mi imaginario objetivo aparece sin previo aviso la mayor dificultad de la jornada, un “muro” de unos 2 kilómetros de largo con rampas al 8% como máximo y sin rastro del esperado viento favorable. Pensad lo que querais, pero me costó horrores, a partir de aquí tenía que ser un paseo triunfal y no un desfile de penitentes…

Coronamos y enfilamos la cuesta abajo, pasamos ya las 5 horas de pedaleo y más de 6 desde que salí del B&B con la fresca, tengo que buscarme excusas menos cansadas para tomarme unas cervezas... Llego por fin a Clifden, Aurora y Kilian animando con una sonrisa como siempre, aunque por dentro piensen ¿por qué has tardado tanto??


La merecida cerveza llegó, con la satisfacción del deber cumplido y Connemara nos obsequió con un domingo aún más espectacular, ola de calor incluida, ideal para apurar el viaje y despedirnos ¿hasta el año que viene? Quien sabe, con un nuevo inquilino en casa la balanza cada vez está menos de mi lado...

PD: no hago mención al debutante Alberto ya que me prometió que escribiría su propia entrada con su experiencia en la distancia corta, espero que en breve la podais leer por aquí.


 

Posted on martes, mayo 31, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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domingo, abril 03, 2016

No me apetecía correr la verdad. Toda la semana constipado, con bastantes preocupaciones personales y el día gris y lluvioso que nos regaló el sábado la verdad que no ayudaban mucho. No obstante, la carrera era como quien dice a la puerta de casa, el circuito es muy bonito y le habíamos prometido a Kilian que después de que corriera papá habría peli y palomitas. Tenia que cumplir con mi parte. 


Aurora me dejaba en Greystones con el tiempo justo para calentar mientras me acercaba a la salida, en el extremo sur de la playa, lo que significaba que el primer kilómetro sería íntegro por la misma, mala cosa... Tomamos la salida y empezamos a luchar para mantener el equilibrio en la arena mientras el pulso va subiendo más de la cuenta.

Acabado el farragoso tramo de playa afrontamos dos kilómetros más o menos favorables por el puerto hasta que enfilamos en sendero de los acantilados. La carrera se estira enseguida y se corre muy cómodo, sin aglomeraciones ni encontronazos a pesar de lo estrecho del recorrido. A pesar de tenerlo tan cerca de casa, únicamente había reconocido el recorrido una vez, y con la memoria espacial igual de estropeada que la otra, decido ir conservador a pesar de llevar buenas sensaciones de piernas; la constante cuesta arriba y el cada vez más notable dolor de pecho así lo aconsejan.

Sorprendentemente deja de llover y hasta la ropa de abrigo empieza a sobar; sin apartar demasiado la vista del pedregoso camino, disfruto de las vistas del acantilado y la costa de Dublin delante nuestra. A  la altura del kilómetro 5 llegamos al avituallamiento, justo en el temido tramo de escalera, subimos y bajamos con extremo cuidado y enseguida se nota el cambio, ya se ve Bray en el horizonte, la pendiente empieza a ser positiva y ya no cuesta tanto trabajo lanzar la zancada; me animo y empiezo  subir el ritmo, a ver lo que aguanto.


Poco a poco el sendero se va ensanchando, cada vez hay menos charcos y más asfalto, llegamos a la última cuesta abajo que nos lleva hasta el paseo de playa de Bray; justo en la entrada nos desvían de nuevo hacia la playa, bajonazo. Otro kilómetro corriendo entre arena y piedras, otra vez el pulso por las nubes, las piernas como palos y boqueando como un pez fuera del agua.

Por fin salimos de la playa, llueve otra vez, ultimo kilómetro por el paseo con el viento de cara hasta meta. Sin fuerzas para subir el ritmo, me contento con no bajarlo. Meta, 48min40seg, que cansado es esto, jodé.

Recojo plátano, agua y camiseta de regalo, busco el coche con mis fans y lo encuentro justo en el momento en el que Kilian se despierta de la siesta, ¿vamos a ver la peli? Acabado el trámite, llegaba el momento interesante del día. Que gustazo el sofá y las palomitas de finisher!

Posted on domingo, abril 03, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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jueves, marzo 10, 2016

Inauguro mis entradas especiales del aniversario del blog con la crónica de mi primera gran marcha, La Perico 2004.
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Era mi gran reto allá por 2004, terminar con éxito mi primera gran marcha cicloturista, La Perico Delgado, 167 kilómetros recorriendo 4 puertos por la sierra de Guadarrama, mi sierra. 

El año anterior había corrido mi primera marcha "menor" en el Festibike de San Lorenzo del Escorial, con 110  kilómetros y ascensión al puerto de Abantos como única dificultad montañosa relevante. Acabé muy bien, dentro del primer centenar de participantes de un total de 300 si no recuerdo mal, y sintiéndome con muy buenas piernas y ganas de más. Ahí surgiría el desafío, en 2004 tocaba ir a por más, tocaba ir a por La Perico.


Con bastantes horas de entrenamiento invertidas, mi Orbea replica Maia con sus desarrollos de profesional y con bastante confianza en mi estado de forma, me presenté el 29 de agosto en el acueducto de Segovia a las 8 de la mañana para tomar la salida junto al resto de 1500 participantes. 
Conocía todas las partes del recorrido por separado, aunque iba a ser el primer día que lo realizaría de forma íntegra, nunca había recorrido mas de 120 kilómetros sobre la bicicleta, iluso de mi...


Como se ve en el perfil, la primera parte del recorrido consta de una serie de toboganes que se van recorriendo bastante rápido a medida que se va formando los grandes pelotones según el distinto nivel de cada uno. En el kilometro 30 llega la primera dificultad montañosa de día, el puerto de Navafría; un puerto sin grandes porcentajes que pasa más o menos rápido mientras el sol empieza a calentar e intento concentrarme en comer y beber para que no llegue la temida pájara. 

Coronado el puerto, comenzamos el descenso hacia la vertiente madrileña de la sierra para enfrentarnos al segundo puerto del día, el puerto de Canencia. Entusiasmado por el día y las sensaciones, me encuentro en el falso llano que marca el inicio del puerto, tirando de un grupo de unos 20 ciclistas que a duras penas pueden mantenerse a rueda, subidón de adrenalina. Salvo los 3 últimos kilómetros, el puerto es bastante sencillo y puedo seguir manteniendo un ritmo alto; las sensaciones son tan buenas que ni me molesto en pararme en el avituallamiento de la cima, había demasiada gente y llevo encima comida de sobra, iluso de mi...


Tras otro rápido descenso llegamos a Miraflores, donde comenzamos enseguida la ascensión al puerto más duro de la jornada, la Morcuera. A estas alturas el calor ya era considerable y las caras de agotamiento empezaban a ser mayoría. Aquí empiezo a notar ya las piernas algo pesadas y se va haciendo más difícil mantener la agilidad en el pedaleo. Las rampas de 13% hacen mella de verdad, me pongo de pie, muevo la bicicleta e intento que mi velocidad no disminuya demasiado; poco a poco me van adelantando corredores sin que pueda hacer mucho por aguantarles la rueda. Con más dificultades de lo esperado alcanzo la cima, ahora si que me paro en el avituallamiento, como, bebo, hablo con mi padre que ha estado siguiéndome estoicamente todo el día con el coche. Con 90 kilómetros recorridos y aun 60 por delante, las primeras sombras de duda empiezan a aparecer.



Intento animarme pensando que "solo" me queda un puerto por subir, el puerto de Cotos. Hasta la fecha nunca se me había dado demasiado bien, y esta vez tampoco iba a ser una excepción. Aunque sin rampas excesivamente duras, es un puerto largo que te va minando la moral pedalada a pedalada, los kilómetros parece que empiezan a restar en el cuentakilómetros en lugar de sumar; me empiezo a acordar de todas esas fuerzas malgastadas en los primeros tramos, intento en vano buscar piñones más grandes, miro constantemente a la rueda esperando que esté pinchada, o que algún gracioso me haya puesto un lastre, pero no hay nada; no hay mas piñones, no hay nada en la rueda y no hay ni un gramo de fuerza en las piernas. Llegan mi cuñado Tinin y mi amigo Josean en coche a darme ánimos, me hacen un par de fotos y me sacan una sonrisa, les pido que por favor me peguen fuerte si alguna vez se me vuelve a ocurrir hacer algo así, iluso de mi....


Sin saber muy bien como, llego a la cima; la sensación de vacío ya es absoluto, continúo dando pedales únicamente por inercia, incapaz de coger la rueda a ninguno de los numerosos ciclistas que me van adelantando por ambos lados. Consigo llegar a Navacerrada y la expectativa de un descenso que me conozco como la palma de mi mano consigue subirme un poco el ánimo. Me divierto bajando y me emociono pensando en lo cercano de la meta, cansado como nunca pero con la adrenalina de nuevo a rebosar, llego a La Granja para enfilar los ultimo 10 kilómetros de falso llano.

Como por arte de magia las piernas se recuperan, tengo fuerzas de nuevo, cargo el plato grande y empiezo a rodar como un poseso en dirección a Segovia, adelantando corredores sueltos al principio y grupos enteros después. Hoy es el día que peor lo he pasado sobre una bicicleta, tengo ganas de llegar a la meta, pero a la vez no quiero que se acabe, hoy ha sido sin duda el día que mejor me lo he pasado sobre la bicicleta.

Llego a la ultima rotonda, enfilo la ultima recta, suelto las manos del manillar para intentar agarrar el momento. nadie me avisa de que había que esprintar por la posición 560!! Cruzo la meta 5h 35min 53seg de ciclismo, sufrimiento y disfrute.


Me siento en un bordillo, me prometo a mi mismo que nunca volveré a hacer algo así... iluso de mi, esto simplemente acababa de empezar.


Posted on jueves, marzo 10, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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martes, febrero 23, 2016

Carrera perfecta, día de perros. Este podría ser el titular perfecto para la carrera del pasado domingo, en la que se cumplieron todas las previsiones, de mi rendimiento por un lado y de las malas condiciones meteorológicas por el otro.


La carrera empezaba pasado el medio día (quizá la única pega que se le podía poner) por lo que no hubo ninguna prisa en el viaje ni los preparativos previos, desayuno completo y tranquilo, mochila y coche organizados minuciosamente y mi grupo particular de animadores/sufridores listos para aguantar el chaparrón y la fría mañana.


Con una cortina de lluvia constante y un viento bastante fuerte que soplaría en nuestra contra en la primera parte de la carrera, me costó bastante ponerme en movimiento, estaba muy a gusto con la ropa de abrigo puesta y no calenté más allá de unos saltitos esperando al "briefing" y unos breves sprints camino de la salida.

El circuito de carrera a pie consistía en algo más de 3 kilómetros por asfalto alrededor del hipódromo donde se ubicaba la zona de transición. Como casi siempre, intento salir conservador, aunque al ser el primer tramo en suave bajada, me dejo llevar un poco por encima del ritmo que tenía planeado llevar. Las sensaciones siguen siendo buenas y casi sin darme cuenta estamos ya enfilando la pequeña subida que nos lleva de vuelta a la zona de transición; según mi reloj 1 minuto más rápido de lo planeado, según el número de bicis esperando en la transición, en la parte trasera de la carrera.


Después de una transición sin complicaciones salgo al circuito de bici con la intención de apretar al máximo, Aun tomando muchas precauciones por el estado de la carretera y por el hecho de competir con el trafico abierto, comienzo a adelantar corredores a un ritmo bastante alto, e incluso siendo esta primera parte en ligera ascensión constante y con el viento en contra, las sensaciones no pueden ser mejores. La segunda parte del recorrido es aun mas sencilla, plato grande, viento a favor y a ir descontando kilómetros hasta llegar de nuevo al hipódromo, siendo el último kilómetro justo en la entrada el que más se me atraganta al no conseguir encontrar un ritmo cómodo en la subida.


Con las piernas bastante duras llego a la segunda transición y tardo algo más de lo deseado en salir gracias a ímpetu con el que una jueza de carrera me obliga a ponerme el casco y quitármelo después de haber dejado la bici en su sitio... Me lo tomo con humor, e incluso me sirve para respirar un poco y salir más tranquilo al último segmento de carrera. Al poco de salir mientras encuentro el ritmo que mejor me viene, me adelantan dos corredores y me vuelve el miedo de que me pasen por encima todos los que he adelantado en bici. Me fijo como objetivo no perderles de vista y me voy animando a subir el ritmo al ver que las piernas van respondiendo sorprendentemente bien; poco a poco voy subiendo el ritmo hasta enfilar la ultima subida de unos 600 metros en la que sufriendo algo más de lo previsto, consigo adelantar de nuevo un par de puestos y parar el reloj en 1h 10min 30seg cansado, pero contento, muy contento con la carrera y sobre todo las sensaciones.


Después de casi 2 años sin participar en un duatlón y con un entrenamiento bastante limitado, conseguir mantener los ritmos previstos antes de la carrera e incluso hacer el segundo segmento a pie más rápido que el primero es un pequeño gran subidón de moral para lo que pueda sacar de este año, veremos que tal sigue.

Próxima parada, Bray 10k cliff run 

Fotos: Aurora Mendoza

Posted on martes, febrero 23, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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jueves, febrero 18, 2016

Finalmente será este domingo día 21 de febrero cuando comenzaré mi temporada globero/deportiva en 2016, aprovechando además para volver a mi disciplina multideporte preferida: el duatlón, después de casi 2 años de mi última y negativa experiencia.

El Naas Duathlon Series será mi primer duatlón en Irlanda, el primero con bici de carretera y el primero sin "drafting", es decir sin aprovecharse de la estela del que va delante tuya o sin "chupar rueda" como se dice vulgarmente. En teoría esto me beneficia, ya que de los tres sectores, el de la bici sería mi fuerte, pero a estas alturas eso quizá sea demasiada teoría.


Aunque es todavía pronto en el año, las sensaciones con las que llego son bastante positivas, habiendo podido mantener un nivel bastante constante de entrenamientos en relación calidad / cantidad y con 2 - 3 sesiones de fuerza a la semana incluidas. Comprobando tiempos de ediciones pasadas, tengo más o menos claro que andaré lejos del último y que no desentonaré demasiado, aunque igualmente tocará sufrir.

Como no podía se de otra manera, hay previsión de lluvia, nos divertiremos igualmente. 

La semana que viene crónica, estén atentos a sus pantallas.

Posted on jueves, febrero 18, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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lunes, enero 25, 2016

"Un domingo cualquiera puedes ganar o perder, un domingo cualquiera cualquier cosa puede pasar"*

Un domingo cualquiera puede sonar el despertador antes de que salga el sol; puede que tengas la fuerza de levantarte y preparar unas tostadas con Nutella y un café mientras decides si te despiertas.

Un domingo cualquiera puede que llueva o que haga viento, incluso puede que al final salga el sol; puede que dejaras preparada la ropa adecuada o puede que te dejaras olvidado el chubasquero y solo te des cuenta cuando empiece a llover.


Un domingo cualquiera puedes ir de paseo, o puedes ir deprisa; puedes llanear o puedes buscar las alturas cual cabra montesa. Puedes ir solo o resguardarte en la seguridad de un grupo; puedes dar relevos o dar excusas de lo mal que estás y lo poco que has entrenado.

Un domingo cualquiera puedes parar a tomar café y bollos relajadamente o puedes reponer energías sobre la marcha mientras intentas evitar la temida pájara.

Un domingo cualquiera puedes volver a tu casa sintiéndote un gigante de la ruta o puedes perder hasta el nombre por el camino; puede, incluso, que en ambos casos el premio final sea el mismo.

Un domingo cualquiera puedes salir a montar en bici o puedes quedarte en casa pensando en lo que podría haber sido. 

Tú eliges, yo lo tengo claro.

*(de la película Un domingo cualquiera, una gran película de Oliver Stone, que si no habéis visto os recomiendo que lo hagáis (no, no va de ciclismo))


Posted on lunes, enero 25, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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